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Dónde se esconden los datos de sostenibilidad de una institución sanitaria

Un sector con mucho patrimonio inmobiliario y muchas ubicaciones dispersas

Una institución sanitaria es, en gran medida, una empresa inmobiliaria con una función asistencial añadida. Hospitales, residencias de cuidados, centros de salud mental y puestos de atención primaria tienen cada uno su propia conexión energética, su propia instalación climática y a menudo su propio gestor. Mientras que una organización de oficinas tiene que ver con uno o pocos edificios, una organización sanitaria cuenta a veces con decenas de ubicaciones, repartidas por varios municipios, cada una con una antigüedad distinta, un grado de aislamiento distinto y un contrato energético distinto. La relación entre lo que se registra de forma centralizada y lo que se gestiona localmente por ubicación es, por tanto, estructuralmente diferente a la de un sector con una sola sede empresarial. Esto convierte la suma del consumo de energía y agua en un ejercicio que empieza por averiguar qué ubicaciones existen en realidad, antes incluso de mirar una sola cifra.

La gestión de instalaciones como primera fuente

La mayoría de los datos básicos sobre energía, agua y residuos pasan por el departamento de servicios generales o de gestión inmobiliaria, y ese departamento suele trabajar con un sistema distinto al de la administración financiera. Las facturas de energía llegan a veces directamente del proveedor, a veces a través de un paquete de gestión de instalaciones, a veces a través de un tercero que gestiona el inmueble en nombre de la institución. En los grupos sanitarios más grandes, el patrimonio inmobiliario suele estar alojado en una fundación o sociedad separada, lo que significa que las cifras de sostenibilidad del inmueble sanitario no aparecen automáticamente en la misma administración que las cifras asistenciales. Quien quiera reconstruir el consumo por ubicación debe saber primero si esto pasa por el propio departamento de servicios generales, por un gestor inmobiliario externo, o por una combinación de ambos según el tipo de ubicación.

Equipos médicos e instalaciones climáticas como flujo aparte

Los edificios sanitarios tienen un perfil energético distinto al de una oficina normal: los equipos de esterilización, la tecnología de imagen médica, la climatización con estrictos requisitos de higiene y la iluminación continua en las plantas de hospitalización consumen electricidad de forma constante. Ese consumo no siempre se mide por separado; en muchas ubicaciones se incluye simplemente en el contador principal del edificio. Para quien quiera entender qué parte del consumo energético se relaciona con funciones médicas y qué parte con funciones de oficina, a menudo no existe submedición. Esto significa que la primera pregunta no es cuánta energía consume un edificio, sino si existe alguna desagregación y, si no la hay, qué supuestos son necesarios para llegar de todos modos a un desglose.

Transporte de pacientes, personal y material

Las instituciones sanitarias con atención domiciliaria, transporte en ambulancia o enfermería comunitaria tienen un componente de movilidad que puede estar repartido en la administración de coches del personal, vehículos de leasing y transporte propio. Las declaraciones de kilometraje pasan por RR. HH. o la administración de nóminas, los contratos de leasing por un gestor de leasing independiente, y la flota propia, como los vehículos de servicio para el transporte de material entre ubicaciones, por la gestión de instalaciones. En las organizaciones de atención domiciliaria más grandes, el número de kilómetros recorridos por empleado es relevante para la huella de CO2, pero esos datos suelen registrarse con fines de declaración de gastos, no para la elaboración de informes de sostenibilidad. El resultado es que parte de los datos de transporte existe, pero en una forma y en un lugar que no están pensados para sumarse.

Alimentación, lavandería y residuos médicos

Las instituciones sanitarias con cocinas propias, lavanderías o departamentos de esterilización tienen flujos de residuos y consumo que no se dan en todos los sectores. Los residuos médicos se recogen de forma separada y son retirados por procesadores especializados, con informes propios que están desvinculados del contrato de residuos habitual. Los servicios de lavandería a veces se subcontratan a una lavandería externa, por lo que el consumo de agua y de productos químicos del lavado no aparece en las propias cifras de contador de la institución, sino en las facturas e informes del proveedor. Quien quiera incluir estos flujos debe, por tanto, mirar fuera de los propios sistemas, hacia contratos e informes de proveedores externos que entregan a veces por trimestre y a veces por año.

Compra de dispositivos médicos y productos farmacéuticos

La cadena de dispositivos médicos, desde material de un solo uso hasta equipos, pasa por un departamento de compras que trabaja principalmente con requisitos de calidad y de entrega, no con datos medioambientales. Los proveedores de productos médicos ofrecen una visión variable del origen y el impacto medioambiental de sus productos, y esa información rara vez está estructurada en el propio sistema de compras de la institución sanitaria. Para quien quiera obtener una visión de las emisiones de la cadena de los productos sanitarios comprados, el primer trabajo consiste, por tanto, en inventariar qué proveedores sí facilitan datos medioambientales y cuáles no, antes de poder hacer una estimación de la parte que falta.

Qué aporta este inventario

Esta clasificación por bienes inmuebles, instalaciones médicas, transporte, servicios de apoyo y compras es un punto de partida para ver dónde se originan los datos de sostenibilidad de una institución sanitaria y quién tiene acceso a ellos. Este mismo razonamiento, aplicado a otro sector, revela otros puntos críticos: en el comercio mayorista todo gira alrededor de las ubicaciones de almacenamiento y los flujos de transporte, en la industria manufacturera alrededor de los procesos de producción y el uso de materiales, y en la educación alrededor de un patrimonio inmobiliario que en cuanto a configuración se parece mucho al sector sanitario, pero sin el componente médico. El resumen de dónde se originan los datos es un paso necesario, pero todavía no dice nada sobre quién gestiona las cifras, en qué formato están y si se pueden vincular a una fuente verificable. Ese es el trabajo del Data Readiness Scan: un registro de puntos de datos con linaje por punto de datos, desde el sistema de origen hasta la línea del informe, con la titularidad y las reglas de calidad correspondientes. El escáner está en fase de desarrollo; quien tenga interés puede inscribirse en la lista de espera.

La siguiente pregunta: quién hace el trabajo

En cuanto se sabe dónde están los datos y quién es responsable de ellos, surge otra pregunta: qué parte de la recopilación, el control y la introducción de datos puede asumir un sistema, y qué parte sigue requiriendo evaluación humana. FTE TO AI calcula, por tarea, qué parte del trabajo puede asumir la IA, un resultado que enlaza con este inventario en cuanto se tienen identificados los puntos de datos y sus responsables.

Marvinde assistent van de Data Readiness Scan

Vraag maar waar een datapunt vandaan komt. Dat is meestal de hele vraag.

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